En los últimos meses me he dado cuenta de que una de las cosas que más envidia me da es pasar por un aeropuerto y ver a todos esos mochileros tirados en el suelo o en los asientos de las zonas de espera, durmiendo o simplemente haciendo tiempo hasta la hora de salida de su vuelo.

Terminal Aeropuerto

Hoy, por fin, he tenido la oportunidad de experimentarlo por mí mismo. Siento chafaros la sorpresa, pero tengo que deciros que lo que a priori me parecía muy poético al final ha resultado ser una #$!* mierda.

A la 1:35 de la mañana me he presentado en la T1 de Barajas, ansioso por convertirme en uno de los miembros de ese colectivo al que tanto envidiaba.

Cuando he pasado el control de seguridad like a boss hasta me ha dado un subidón de adrenalina (siempre me pasa, me temo que nunca me acostumbraré a tener que quitarme el cinturón delante de 20 personas). Luego he descubierto que al lado de la puerta de embarque había unos simpáticos obreros con un martillo neumático dispuestos a amenizarme la velada y me he venido abajo.

Tras una hora intentado buscar el trozo de suelo más cómodo he dado por imposible lo de dormir.

No obstante de todo se puede sacar algo bueno. Ante la perspectiva de pasar las siguientes cuatro horas sin hacer absolutamente nada he dicido (por fin) ponerme un rato a escribir e inaugurar oficialmente el blog (sí, he tardado seis meses en escribir el primer post con un mínimo de contenido).

Nota mental: cuando sólo se viaja con equipaje de mano, no es necesario pasar por ningún mostrador, poner pegatinas en la maleta, etc. ni nada en especial. Basta con pasar el control de seguridad y dirigirse a la puerta de embarque.